Indonesia 2017: Una Una

Después de un largo viaje hasta Makaya y de haber hecho la compra que mantendrá nuestro colesterol en su justa medida, ya estamos esperando el speed boat que nos llevará hasta Wakai, para alli coger un barco que ha contratado Umar para llegar hasta Una Una.

El speed boat viene a ser la villavesa de las islas, y los residentes que necesitan desplazarse lo utilizan para moverse, realizar compras etc.

Otra cosa distinta fue llegar a Una Una desde Wakai. El bote que nos iba a llevar no estaba, por lo que hubo que contratar alli mismo un pequeño barco alargado que tiene unos patines de bambu en los laterales que hacen el equilibrio en el agua. El desplazamiento lo hace con dos motores de lavadora a los que se les ha añadido una helice… un poco rustico.

Aquí se nos juntaron Dani y Jacob, una pareja alemana que también iban a Una Una y que no tenían como llegar a la isla.  Nos ajustamos los 7 en el pequeño bote con las mochilas y nos preparamos para cuatro horas de travesía que deberían haber sido dos, pero que fueron cuatro horas muy entretenidas haciendo fotos en la puesta del sol con un mar completamente en calma.

Eso si, preocupaba un poco que cada vez que nos quedábamos sin gasolina nuestro patrón añadía más al depósito y asomaba su nariz y su perpetuo cigarrillo para ver cuanto tenía que echar 🙁

Pero bueno, llegamos a Una Una (islas Togian), y nos preparamos para tres días de buceo en una de las zonas donde mejor se conserva el coral de todo el Índico. Aparte de bucear, el resto del día no había nada más que hacer que sestear, algunas fotos y algún paseo.

Es una isla que no tiene luz, así que las horas de luz con el generador por la noche aprovechábamos para la cena, cargar las baterías de las cámaras y conectarnos por internet a una conexión satélite que no permitía ni fotos ni vídeo… pero bueno, no se está nada mal desconectado.

Los viernes, después de ir a la mezquita, los locales juegan al futbol, y aquí se apuntan también los holandeses que están pasando una temporada por allí. Por supuesto allí estuvimos, aunque nos saltamos el partido… y aprovechamos para conocer que es esto del Arak y del vino de palma 🙂

El vino de palma lo extraen de la palma y es un líquido transparente bastante fuerte… los extranjeros lo beben mezclado con cerveza sin alcohol y redbull, los locales beben Arak, el mismo vino de palma fermentado… puro alcohol.

Al tercer día en la cena de despedida de nuestra última noche se celebró una pequeña fiesta a base de arroz blanco, pollo, verdura y fruta… con Arak y vino de palma. No se exactamente de donde salió pero al final nos quedamos tres días más.
Mítica la frase de Emiel, uno de los dueños del resort, que tomó la palabra en la segunda fiesta de despedida tres días después y empezó diciendo «Segunda fiesta de despedida en este resort con exactamente la misma gente que la ultima fiesta de despedida…» 🙂

Pero bueno, la verdad es que lo pasamos muy bien y todos los locales se portaron muy bien con nosotros. Gracias a Umar y Emiel, dueños de Pristine Paradise y a Dedy, Roland, Enge, Ujum, Udar y Um.

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